viernes, 28 de agosto de 2009

Veintitres años


Aquella noche se despertó de la nada. No supo que fue lo que la hizo levantar de su cama. Estaba sola, su marido todavía no había llegado a casa, sus hijos no habían llegado del boliche, y el perro dormía en el patio.

Se fijó en su reloj, estaban por ser las cuatro de la mañana y ella sola en su casa. Quiso volver a dormir, pero no conciliaba el sueño. Estaba tan despabilada que se sentó en la orilla de la cama con la mirada perdida sin entender lo que le ocurría.

Fue a buscar un libro, pero la biblioteca del pasillo no tenía ninguno que le gustara para leer en ese momento. Entonces pensó que no era lo que buscaba. Luego se sentó en el sofá para ver televisión, hizo quince minutos de zapping y no encontró nada.

Un silencio interminable rondaba en la casa, y ella que no sentía deseo de hacer nada. Luego se dirigió a la cocina para hacerse un café. Antes de que hirviera la pava la apagó porque no sintió ganas de tomarlo en ese momento.

Todo era muy raro para ella, nunca le había pasado antes. Se quedó desconcertada y pensativa por un buen rato. No entendía ni sabia el motivo de su estado esa madrugada. Intentó ir a dormir, pero otra vez se quedó despierta.

En eso, miró un almanaque que tenia allí cerca, y la fecha coincidió en el día que conoció a su primer amor. Ese amor que la hizo enloquecer de ternura el tiempo que duró su relación. Ese amor que extrañó toda su vida. Ese amor que la dejó sola. Ese amor que le movía el piso cada vez que le daba un beso.

Se acordó detalle por detalle lo que habían hecho los dos ese día. Recordó cada palabra que le dijo mientras caminaban a las cuatro de la mañana por la avenida. Con una sonrisa repasaba cada momento, cada lugar, cada mirada.

Pero de nuevo se sintió sola, esta vez con una sensación de vacio. Algo le estaba faltando en ese momento. Esa desesperación por querer saber de la vida de ese amor perdido la confundió profundamente. Ya no extrañaba a su marido, no quería que llegaran sus hijos. Solamente quería estar con él, abrazarlo, darle cada beso que no le pudo dar. Quería atrasar el tiempo veintitres años atrás, volver a esa madrugada en la que los dos por primera vez rozaban sus labios. Ella sintió un cosquilleo muy fuerte en su pecho. Se le llenaron los ojos de lágrimas y sonó el teléfono. Era él, que después de veintitres años le dijo que siempre la amó.

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